sábado, 26 de septiembre de 2026

Lo incombustible

 



Parece ser que las cosas que huelen a  realidad, en verdad, solo son perfumes sin materia ni músculos.

El hecho de que la mujer que amo posea olor a magnolia y músculos palpables en sus piernas, es solo una coincidencia que nada tiene que ver con la realidad.

También es casualidad, cuando me invita a olfatear humos, se dibujan humaredas que urdimbran el espacio vacío,- tan vacío como la panza de una gaviota hambrienta-. Pero conectando todo de una manera que no intento explicar ahora.

Cuando los pensamientos van desapareciendo, y después que todo sedimenta,  va quedando lo real, se parecería a lo que queda tras la muerte, según comentan los muertos,  que son mudos en su mayoría. Los pianistas vivos también lo han descubierto y lo han expuesto con claridad sin usar la boca.

Han buscado, apagar el demonio solo mirándolo, y les ha ido bien. El demonio huye como si tuviera pudor y vergüenza. El testigo de la consciencia no hace nada más que observar, una andanza que alterna entre pisar lo vacante y lo atosigado. Lo exangüe se llena de danza y vida. Las ideas ahora son reales y dulces, y la muerte ya no existe. Ha sobrevivido lo único que puede sobrevivir, lo importante, como el beso inmortal que no olvidas nunca. 


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